martes, 29 de marzo de 2016

Te odio

Te odio porque te quiero,
porque te quiero y no sé quien eres, 
porque aún no sabes que me quieres,
porque por no ver inventa el ciego.

Te odio porque me muero,
porque me ahogo en un mar de liebres,
que corren corren buscando quienes.
No tengo media y ya quiero entero.

lunes, 11 de mayo de 2015

Lo triste, lo curioso y lo bonito de la vida.



Lo triste de la vida es sentir que te falta algo, y buscarlo por todas partes sin dar con ello.
Lo curioso de la vida es tener en tí, desde el principio, lo que estás buscando.
Lo bonito de la vida es darte cuenta de que no hay que buscar en ningún lugar que no sea uno mismo.

Es como revolver toda la casa y perder mucho tiempo buscando tus gafas de sol y darse cuenta al final de que las tienes sobre la cabeza.


Aplicable a todos los aspectos de la vida, y a todos los llenos que creemos vacíos.

domingo, 22 de febrero de 2015

Doctor, ¿qué tengo?

Enfermé de hiperliricismo.
Enfermé de hiperliricismo y ví un poema en cada resquicio de realidad.
Luché en vano por dormirme pero desistí y acepté el juego sin conocer las reglas y sin conocer el propósito.
Me creí poetisa por una noche y me crecí en mi propia imaginación.
Aún sabiendo que la poesía muere encarcelada en la palabra no me pude resistir a plasmarla en trazos de tinta, con la esperanza de que otra mente liberase la magia de estas letras y volase con ellas al lugar donde nacieron.
Tomé lápiz y papel como medio de transporte y me embarqué en esta peligrosa aventura de explorar lo más profundo de mi persona y de mi ser.
Llené folios, los ahogué con tinta sin intención de rescatarlos hasta que he caído exausta con el brazo dolorido y la mirada perdida, como quien acaba de pecar de onanismo.
Ahora ya sé cómo termina este juego.
He perdido.
He perdido varias horas enfrascada en un folio.
He perdido la noción del tiempo, he perdido el conocimiento y he despertado desorientada sobre estas líneas.
Sin embargo en eso consistía, gana quien es capaz de romper la realidad para viajar a un micromundo de palabras donde las letras no entienden de materia.
Gana quien buscando la belleza se encuentra a sí mismo, desnudo, incorpóreo, y aprende que no hay defectos sino características y peculiaridades.

He ganado.

jueves, 19 de febrero de 2015

¿Qué es la música?

Qué es la música sino el estremecimiento del alma, qué es sino la perfecta armonía entre razón y corazón que, cegados por el ansia de control, nos empeñamos en buscar entre números y fórmulas vacías.
Qué es la música sino la vida desde los ojos de un ciego, que ve las caricias, que ve los aromas, que escucha los colores, que olfatea la luz. Qué es, sino el fuego de la chimenea a quien adoro en los inviernos.
Qué es la música sino el amanecer de los atardeceres. Qué es sino el aliento del mar erizando la piel de mi cuello.

Qué es la música sino tú.

Qué es la música sino yo.



Sacapuntas

Hoy me siento en uno de esos días en los que todo aparentemente me sale bien mientras algo me está corcomiendo.
Hoy me siento lápiz en las últimas, me siento capaz de trazar quilòmetros de carboncillo con la presión de ir teniendo poco a poco que sacarme punta. 
En todos los comienzos el final parece lejano, pero yo contraje el síndrome de estocolmo y me encariñé de mi sacapuntas.
Creo que es hora de pegarle la patada a mi asesina. Matar o morir. Maldito el día en que asumí que la enemiga no está fuera, que la enemiga está en mí. 
¿Quién soy yo, entonces? Hoy no me puedo distinguir.

Dominante del dominante

Me embriagué del arte que reposa en tus arpegios, y borracha de escalas busco calma en cadencias perfectas.
Enloquecí al verme presa de tus cuerdas, creyéndome yo cuerda y descubriéndome danzando en el vibrar de tus cabellos.
Subí a las teclas negras y me dí de bruces contra un acorde nuevo que exploté, hasta aborrecerlo, en bosquejos de tinta que anoté sobre mis cejas.
Te escuché reir y sorprendí a mis ojos brillando, deseando oirte llorar cuando soy yo quien quiere mojar mi almohada.
Dominante del dominante, dominada por el efecto dominó de tus costillas cayendo al la, desde el chirriante do.
El placer supremo, pese el abandono al que te condené y al que me condené por creerme débil ante tus matices. Volveré, siempre vuelvo, siempre recaigo en el vicio maldito del fluir de dedos y el virar de ojos hacia una introspetiva, siempre incierta, hacia mis ganas de ser yo de nuevo, conmigo y sin tí, contigo y sin mí. Fusionándome en arcoiris de armonías y deslizándome hacia la nebulosa de semifusas que me harán perder el juicio y me abocarán a la cama, desde donde te admiro y te temo en esta noche fría.
Qué hipócrita, y qué tonta al no saber por qué me engaño creyendo que no nací para acariciarte y dudando de mis manos, si lo cierto es que cuantas más horas te echo, más te echo de menos, y no hay mayor villano que la pereza ni mayor cárcel que mi cama, que, aún con la reja abierta, me encadena con sus sábanas y no deja que te quiera como debería.

Mañana lucharé contra la desidia, o al menos eso dije ayer.


Modulación acromática

Luchando por la fuga en si mayor me he lamentado en un nocturno en si sostenido menor, y sin percatarme, me hallo sin armadura llorando por un capricho en no mayor.
Sin color, sin dolor.